Cómo ser bombero más rápido

Los 6 Errores que casi me costaron ser bombero

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Cuando empecé a opositar a bombero, cometí tantos errores que, siendo sincero, estuve a punto de quedarme fuera. Hoy, después de haber conseguido mi casco, sé que esos fallos fueron lecciones durísimas, pero necesarias. Y por eso estoy aquí: para que tú no repitas ninguno.

En este artículo te cuento los seis errores más grandes que cometí, cómo me frenaron y, sobre todo, cómo los solucioné para poder avanzar. Si estás empezando —o si llevas tiempo estancado— lo que vas a leer puede ahorrarte meses o incluso años de frustración.

1. Elegir mal la academia

Cuando uno empieza está perdido, así que pensé que lo mejor era una academia grande, con muchas oposiciones y, si era presencial, mejor. Grave error. El temario no coincidía con las oposiciones reales, nadie me enseñaba a organizarme y ni siquiera sabía cómo presentarme a un proceso selectivo. Para rematar, algunos días llegaba después de 50 minutos de coche… y la clase se cancelaba al momento.

Sentía que me estaban robando tiempo, dinero y motivación. Por suerte, cambié de academia y empecé a ver mejoras. Y aunque esa segunda aún no era perfecta, todo aquel caos fue la semilla de lo que hoy conozco como un modelo claro: el opositor necesita guía, planificación y un temario actualizado. Sin eso, vas a la deriva.

2. Apartar la legislación

Me gustaban los incendios, el rescate, los materiales… todo lo práctico. Pero la legislación la dejaba para “más adelante”. ¿El resultado? En mi primer examen, entre un 30% y un 35% eran preguntas de leyes y normativas. Yo estaba en blanco.

Aquello me enseñó que para ser bombero debes dominarlo todo. Equilibrio. Desde entonces, la legislación pasó a formar parte de mi rutina diaria, igual que cualquier otro tema técnico.

3. Estudiar sin estrategia

Al principio estudiaba como en el instituto: leer, subrayar, hacer el test y ya está. Pero una oposición no funciona así. Aquí no entra uno o dos temas: entra todo un temario enorme que debes retener durante meses.

Aprendí —a base de suspensos— que opositar no va solo de estudiar. Va de tener un método, una organización semanal, revisar con simulacros, analizar tus errores y presentarte a muchas convocatorias. Fue entonces cuando empecé a aplicar técnicas de estudio de verdad y cuando nació lo que hoy llamamos opositar con estrategia.

4. Confiarme en las pruebas físicas

Siempre había sido deportista. Pensaba que las pruebas físicas estaban hechas para mí. Pero cuando llegué a Málaga, después de pasar el psicotécnico y el teórico, me caí en la cuerda: la prueba que mejor llevaba.

Los nervios me mataron. Y descubrí algo importante: no basta con entrenar fuerte, hay que entrenar lo que realmente necesitas y trabajar la mente. Cambié a una planificación individualizada, reforcé la natación —mi punto débil— y me formé en psicología de alto rendimiento. A partir de ese momento, no volví a suspender unas físicas.

5. Descuidar la nutrición

Vivía solo, quería aprovechar el tiempo y acabé abusando de los hidratos. Estaba pesado, sin energía y eso afectaba al estudio y al entrenamiento. Cuando empecé a cuidar mi alimentación y a entender la importancia de cómo alimentar al cuerpo, todo cambió: más energía, mejor recuperación y un rendimiento físico mucho mayor.

6. No respetar el descanso

Este fue el más duro. Soy muy obsesivo cuando me propongo algo, y mientras preparaba la oposición no paraba: siete días entrenando, siete estudiando, incluso en mi cumpleaños o en Navidad. ¿El resultado? Estrés, ansiedad y agotamiento total.

La solución fue implementar un “día no negociable”, el domingo. Un día sin estudio ni entrenamiento. Al principio me costó, pero fue un antes y un después. Volvía a los lunes con las pilas al 100%. Desde entonces, este concepto es obligatorio para cualquiera que prepare una oposición de alto rendimiento.

Conclusión: Los errores no te definen

Todos estos fallos me pusieron contra las cuerdas. Algunos casi me hacen abandonar. Pero cuando cambié de enfoque, todo cambió: hoy soy bombero y ayudo a otros opositores a conseguirlo.

Cada error se convirtió en una lección. Cada tropiezo, en una herramienta de trabajo. Y todo ese camino lleno de obstáculos fue lo que me enseñó que opositar no es solo estudiar: es estrategia, equilibrio y constancia bien dirigida.

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